lunes, 22 de mayo de 2017

La torre Eiffel: la construcción de un coloso

Gracias a su experiencia en el diseño de grandes obras de hierro, en 1889 Gustave Eiffel logró erigir una torre de más de 300 metros de altura para la Exposición Universal de París

La segunda mitad del siglo XIX fue la gran época de las exposiciones universales. Eran los años de máximo desarrollo de la moderna civilización industrial, y los países más avanzados sentían la necesidad de exponer sus últimos logros tecnológicos y científicos a través de reuniones que atraían a miles de visitantes. Para los países organizadores, las exposiciones eran también una oportunidad de demostrar su poder económico y político, y nada conseguía mejor ese efecto que un nuevo gran edificio construido con las técnicas más modernas, como el palacio de Cristal de la Exposición Universal de Londres en 1851.
Por ello, en 1886, cuando las autoridades francesas, para conmemorar el primer centenario de la Revolucion Francesa de 1789, decidieron organizar una nueva exposición universal en París –la cuarta tras las de 1855, 1867 y 1878–, convocaron un concurso para que arquitectos e ingenieros presentaran proyectos de todo tipo destinados a la Exposición. Pero sería un punto del concurso el que atraería la máxima atención, aquel que ofrecía «estudiar la posibilidad de erigir en el Campo de Marte una torre de base cuadrada con 125 metros de lado en la base y 300 metros de altura». El objetivo era erigir el edificio más alto de la historia. Justo el proyecto que acababa de elaborar el ingeniero y empresario Gustave Eiffel.
El ansia del hombre por construir un edificio que supere en altura a cualquier otro ha sido recurrente a lo largo de la historia, desde el mito bíblico de la torre de Babel hasta las piramides, obeliscos, columnas o basílicas que han jalonado la historia de las grandes civilizaciones. Sin embargo, la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX abriría posibilidades de construcción en altura que resultaban inimaginables en períodos anteriores, y ello gracias a la difusión del hierro como nuevo material estructural.

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